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sábado, 23 de julio de 2011

Los cipreses también creen en Dios





-Si hablas con el pueblo, y guardas la virtud
si marchas junto a reyes, con tu paso y tu luz-
-todo lo de esta Tierra será de tu dominio,
y mucho más aún …¡ Serás HOMBRE, hijo mío !-
 (fragmentos del poema Si de R. Kipling)

Hay cosas que me ponen, no se qué, pero me ponen, de ellas, entre las que más, la injusticia y la ingratitud. Llegará la fecha, no sé cuando la verdad, en que hablemos y nos ocupemos de los personajes y los hechos -posthistóricos-, pero hoy por hoy, nos toca actualización de contenidos y repasar historia, siglo a siglo. Veamos con qué nos encontramos.  Abro la lección y… ¿a quién veo?  ¡Uhmm, Atli!... Buena piedra de toque, empezemos.
                Por Atli es conocido y venerado en los cantares de gesta escandinavos y nibelungos el que,  en los países pertenecientes al antiguo imperio romano, ha pasado a ser el miedo de los miedos y terror de los terrores de occidente, el
azote de Dios, el bárbaro, el impío, la ferocidad: - Atila- . Sin embargo todos estos y muchos calificativos más distan mucho de la realidad, y si no, atenta lectura y posterior contrastación de datos.
                Cuando los diferentes pueblos procedentes de Oriente comienzan a invadir Europa, empujados por los Hunos, Roma a fin de preservarse la integridad del Imperio –que en eso de la diplomacia fue única-, negoció con Mundzuk –rey y padre de Atila- unos tratados bilaterales de no agresión en virtud de los cuales, entre otras cosas incluía que, herederos de distinguidas familias patricias de Roma se trasladarían a vivir y recibir educación entre los Hunos, mientras que distinguidos descendientes de aquellos se trasladarían a Roma a formarse conforme a los cánones de occidente –entre los primeros, se encontraba el que posteriormente fuera conocido como el último romano, el